Editorial Trompe - Publicaciones Independientes
En el origen del lenguaje habitan la metáfora y la poesía, destellan los párpados donde la palabra transita, se desliza y respira en el aire del silencio.
Cada libro es un territorio profundo y en blanco, dispuesto a ser habitado por la palabra encendida y la imagen latente.
La edición como acto, experiencia estética donde la forma y el fondo tejen pacientemente una sola materialidad.
Nosotros
Concebimos la edición como acto donde escritura, tipografía, diseño, papel, impresión y encuadernación conforman una misma unidad de significado.
Publicamos obras que exploran las posibilidades del lenguaje desde la poesía, el ensayo, la reflexión estética y la experimentación visual. Nos interesan volúmenes en los que forma y contenido sean inseparables, haciendo de cada lectura una experiencia que trascienda la mera transmisión de ideas.
La obra de artista ocupa un lugar central en nuestra propuesta. Cada libro posee una identidad irrepetible y encuentra su propia materialidad, composición y lenguaje visual. No existe un diseño que unifique nuestras publicaciones: cada obra exige su propia forma.
Buscamos crear objetos editoriales donde pensamiento, lenguaje y materialidad construyan sentido, entendiendo la edición independiente como un espacio de libertad creativa.
Libros
Reseñas
Santa Victoria
Ediciones Inubicalistas
2017
Por Marco Massoni-Oyarzún
Hay libros que contienen más de una lectura, libros que invitan a volver sobre sus páginas una y otra vez porque, en cada relectura, aparecen nuevos pliegues, nuevas conexiones, imágenes que antes permanecían ocultas. Santa Victoria pertenece a esa clase de libros. En él se abre la posibilidad de leer textos que parecen esconderse dentro de una técnica pictórica cercana al dripping de Jackson Pollock, donde el chorreo, la mancha y el azar controlado dejan de ser únicamente procedimientos visuales para convertirse en una forma de construir el poema.
La idea es trabajar la estética del chorreo es, significativamente, el título del primer poema. No se trata solamente de una declaración inicial: funciona como una especie de prólogo poético, una clave de lectura que anticipa buena parte de lo que vendrá. El poema no se limita a decir cómo será el libro; de algún modo, hace visible su propio procedimiento. El lenguaje chorrea sobre el territorio, se desplaza, salpica, deja manchas y construye una imagen que no pretende ser una representación fotográfica del lugar, sino una percepción alterada de él.
Quizás el viaje hacia el lugar sea una de las definiciones más profundas que pueden hacerse de Santa Victoria. No se trata simplemente de llegar a un territorio, sino de mirarlo desde otro ángulo. Lo que está ahí ya ha sido visto innumerables veces; lo que cambia es el ojo que lo observa. Un pueblo, un camino, un animal, una casa, un bar, una figura humana o una escena cotidiana pueden convertirse en otra cosa cuando la mirada poética modifica su perspectiva. El lar deja entonces de ser solamente paisaje: se transforma en una construcción mental, lingüística y visual.
El territorio de Herrera es reconocible, pero al mismo tiempo aparece desplazado. Es el pueblo, el lugar, el lar tejido por los pasos de quienes lo habitan y por las huellas que esos pasos van dejando. A veces el paisaje parece quedar reducido a una pincelada; otras, se vuelve una mancha que invade el cuadro, chorrea y desborda sus límites. De este modo, la provincia no aparece como una postal estática ni como un espacio detenido en el pasado. Es un territorio contaminado por la modernidad, por la cultura popular, por la violencia, por la imaginación, por la memoria y por lenguajes que vienen de lugares muy distintos.
En este sentido, las influencias poéticas de Herrera son múltiples. En su escritura pueden reconocerse diálogos con Enrique Lihn, Nicanor Parra, Jorge Teillier, Vicente Huidobro, el surrealismo, Charles Baudelaire y Rodrigo Lira, además de una relación posible con ciertas vertientes de la poesía norteamericana, particularmente con Allen Ginsberg y la Beat Generation. Sin embargo, estas influencias no aparecen como piezas separadas ni como modelos que el poeta simplemente reproduce. Se encuentran, chocan, se contaminan y terminan formando un entramado propio.
De Parra proviene, en parte, la desacralización del lenguaje poético y la voluntad de devolver la literatura a la realidad concreta; de Lihn, una conciencia crítica del lenguaje, la ironía y el desencanto; de Teillier, el territorio provinciano y la memoria del lar, aunque Herrera somete ese imaginario a una profunda transformación; de Huidobro y el surrealismo, la libertad de la imagen y la ruptura de las relaciones lógicas; de Baudelaire, cierta atmósfera de spleen, extrañamiento y desencanto; y de Rodrigo Lira, una irreverencia lingüística que permite desarmar las expectativas del lector.
A esto se suma el diálogo con la poesía norteamericana, especialmente aquella que incorpora la experiencia cotidiana, la oralidad, la calle y la cultura popular como materiales legítimos del poema. En ese cruce, la poesía de Herrera adquiere una dimensión que desborda lo estrictamente local: el territorio de Santa Victoria puede estar en La Araucanía, pero su imaginario conversa con el mundo.
Una de las operaciones más interesantes de Herrera consiste precisamente en hibridizar los lenguajes. El mapuchezungün convive con el inglés; la oralidad cotidiana se mezcla con referencias culturales globales; personajes que parecen extraídos de una novela negra ingresan en un paisaje rural y terminan formulando, directa o indirectamente, preguntas sobre la existencia. Lo local y lo extranjero no se excluyen: se superponen.
Así, el pueblo deja de ser un espacio aislado. En él pueden aparecer las huellas de la cultura global, pero también las voces del territorio. El resultado es una especie de provincia universalizada, donde Cholchol, los animales, los caminos y los personajes cotidianos pueden convivir con referencias literarias, cinematográficas, musicales y filosóficas.
Hay también en Santa Victoria una suerte de trementina del zen y de los poetas chinos, una sustancia que diluye los contornos demasiado definidos de la realidad. El budismo de la vacuidad, la pregunta que no necesariamente encuentra una respuesta y ese silencio que queda después de la imagen permiten pensar el poema como un espacio de resonancia. El lector no recibe siempre una conclusión; recibe una pregunta.
La pregunta rebota, vuelve sobre sí misma, queda suspendida en la conciencia. Es como una cuerda de guitarra que, después de ser pulsada, continúa vibrando en el espacio. El poema no termina exactamente cuando termina el verso: continúa resonando en la mente del lector. En ese sentido, la poesía de Herrera tiene una dimensión filosófica que no necesita convertirse en discurso filosófico. La existencia aparece desde la imagen, el humor, la contradicción y el extrañamiento.
Otro elemento fundamental de su poética es la metapoesía. Herrera vuelve una y otra vez sobre el acto de escribir, sobre el oficio del poeta y sobre las condiciones mismas de la creación. El poema se mira mientras se construye.
En Santa Victoria encontramos una formulación especialmente significativa:
“En sentido figurado escribo rodeado de cerdos y suelo ser perseguido por una jauría de perros.”
La imagen convierte la escritura en un oficio difícil, incluso hostil. El poeta no aparece instalado en una torre de contemplación, separado del mundo, sino rodeado por aquello que lo incomoda, lo persigue o amenaza con devorarlo. Sin embargo, continúa escribiendo. Hay en esa persistencia una especie de fe irreductible en el acto poético, aunque esa fe esté atravesada por la ironía.
La escritura no salva necesariamente al poeta, pero le permite permanecer en el conflicto. Escribir es continuar allí, en medio de los perros, los cerdos, el paisaje, la violencia, el absurdo y las contradicciones del mundo.
En el poema “Nosotros”, esta preocupación metapoética se vuelve todavía más explícita:
“Para nosotros la literatura nunca dejó de tener que ver, oler, tocar la realidad…”
Aquí Herrera parece formular una verdadera declaración de principios. La literatura no puede permanecer separada de la experiencia sensible. Tiene que ver, oler, tocar. Los verbos son importantes porque devuelven la poesía al cuerpo y a los sentidos. La literatura no es solamente una construcción intelectual: es también contacto con el mundo.
En este punto puede reconocerse un parentesco con el espíritu de la antipoesía parraiana, pero Herrera desplaza esa herencia hacia un territorio propio. Su propuesta parece más oscura, más áspera y, al mismo tiempo, más ligera: puede pasar de la reflexión filosófica al humor, de la violencia a lo absurdo, de la escena rural a la cultura global, sin necesidad de establecer una frontera rígida entre lo elevado y lo cotidiano.
Por eso Santa Victoria puede leerse como una mutación del imaginario lárico. El territorio está allí, pero ya no es el territorio idealizado de una memoria intacta. El lar ha sido atravesado por la modernidad, por la televisión, por la cultura global, por la violencia, por el lenguaje urbano y por una conciencia contemporánea que ya no puede mirar el paisaje con inocencia.
Herrera toma ese mundo y lo somete a una operación semejante al chorreo pictórico: deja caer sobre él capas de lenguaje, memoria, humor, referencias culturales y asociaciones inesperadas. El resultado no es una fotografía del territorio, sino una pintura verbal del territorio.
Y quizás allí radique una de las mayores riquezas de Santa Victoria: en enseñarnos que un lugar no es solamente aquello que vemos cuando llegamos a él. También es aquello que la mirada,
Fragmentos de mi alma (2026)
Es un libro poético atravesado por la intimidad emocional, la memoria afectiva y la necesidad de convertir la experiencia interior en palabra. A través de versos sensibles y directos, la autora construye un recorrido por las distintas fisuras y luminosidades del alma humana.
Huachihue: la voz de la tierra
HUACHIHUE, 2024
Persus Nibaes
.Huachihue: la voz de la tierra
Este nuevo libro del poeta Persus Nibaes se relaciona con las fuerzas tutelares, como la Tierra, el Sol, la Luna, el Mar, el universo y el tiempo; también con elementos de la naturaleza, como los árboles, el cóndor, las ballenas, la lluvia y los pájaros. Así podemos ver a un bardo, como denominaban a los poetas en la cultura celta. Ellos eran druidas, magos; pero esa es una visión europea. Hay que destacar que la cultura celta es una cultura originaria que fue sometida por los romanos y cuyos druidas fueron perseguidos posteriormente por los cristianos. Tanto la cultura mapuche como la cultura celta vivían en armonía con el medio ambiente, en un equilibrio entre el bien y el mal, al igual que otras culturas originarias de Norteamérica.
Por tanto, denominaremos newuo en vez de bardo. Newuo es un neologismo formado por el mapudungun newen, que significa "fuerza", y hueón, voz del español de Chile utilizada para nombrar a un amigo o pariente. De estos dos términos nace el concepto.
Así, el newuo nos transporta a un mundo invisible presentado en el poema de apertura. Los árboles se aman y se comunican en silencio a través de las raíces, un imaginario romántico que devela algo que ya es real en la imaginación:
"Las personas no saben del amor que fluye en los bosques.
Los árboles se acarician las orejas
se besan las mejillas."
El hecho de que las personas no sepan, nos dice Huachihue, significa que él está un peldaño por sobre la mayoría de los mortales. Puede ver algo que el común de la gente pasa por alto, producto de la maquinaria del sistema del cual somos parte. Es gracias a la poesía, que rasga el velo de Isis, que podemos percatarnos de aquello que está ahí y no vemos. Cito a mi querido filósofo Heidegger, quien dice: "El ser ahí (Dasein), en el estado de abierto, son el encontrarse y el comprender". La poesía que se nos presenta es un estado de apertura: nos remite a encontrarnos con nosotros mismos y con el otro; a una apertura hacia la naturaleza, sabiduría ancestral de la tierra.
En el poema Al atardecer se desataron las bestias, el poeta nos habla desde una mirada apocalíptica. Nos remite a la película Matrix, de los hermanos Wachowski —en la actualidad, hermanas—, que recoge la idea de la matriz a partir del concepto de lattice, acuñado por el neurofisiólogo mexicano Jacobo Grinberg. Lattice significa "enrejado", pero este entramado del que está compuesta la materia entra en contacto con el campo neuronal de los individuos, quienes construyen, de una u otra forma, la realidad. Este científico pudo, a través de estudios de campo, observar cómo los chamanes de México eran capaces de modificar la realidad a su antojo.
En el poema Huachihue hace un reclamo: el fin ya está, los dados ya rodaron, las cartas están sobre la mesa. Pero ¿qué es un huachihue? Como dirá Viviana Lemuy Catrilef:
"El viajero, al pasar por el lugar llamado Huachihue, tenía que pasar a dejar o regar parte de sus alimentos en donde estaban plantados los huachihues y también tenía que plantar otro huachihue, que es una varillita de maqui plantada en forma de arco, o sea, con las dos puntas introducidas en la tierra."
Así, en el poema De pronto vi que el cosmos era texto, se desarrolla una metatextualidad donde el texto y la creación de la realidad aparecen unidos:
Se abrió el Huachihue
y comencé a ver el mundo en letras.
Los árboles eran un poema.
Hablaban del roce de las hojas en el viento.
Cientos de orgasmos vegetales en su voz.
Un silencio necesario me abrió
el entendimiento a todas las lenguas. [...]
En el texto En tu defensa, el newuo hace una apología de Edgar Allan Poe. Es un texto metapoético donde resalta las virtudes del escritor:
[...] Tu pensamiento abductivo.
Luz para la humanidad.
Método de investigación hipotética.
Único y verdadero método, mi querido Edgar.
La generalización y la simplificación
son mentiras,
absolutas patrañas
de científicos sin imaginación. [...]
En el poema El pájaro azul, Persus le da la palabra al ave, que dice:
[...] Tú no me amas ni amas la naturaleza,
solo te amas a ti mismo.
Entonces, en vano intenté,
tratar de mostrarte cuánto te quería. [...]
Nibaes, mediante la voz del ave —que es la voz de la tierra—, reprende al hablante lírico. Así actúa como emisario y maestro. El pájaro azul no quiere domesticación: quiere vivir en libertad.
Soy un astronauta que busca es un poema profético, derramado con la tinta de una distopía. Persus nos plantea el fin de la humanidad si continúa haciendo lo que hace hoy. Si el ser humano no cambia, el futuro no será el mejor. Sin embargo, permanece la esperanza que tiene el newuo de abrir sensibilidades y transformar, aunque sea un poco, las conciencias:
Volver a comenzar la humanidad en otro mundo.
Explorar lejanos parajes, yendo y viniendo,
y sufrir terribles problemas con el paso del tiempo.
Me he quebrado la cabeza tratando de comprender
si es cíclico o lineal,
espiral o por estratos. [...]
[...] Se apagarán las estrellas.
Años luz de distancias y prejuicios.
Antes que terminen de morir las dimensiones
y la última partícula se disuelva en el océano de la nada. [...]
Para concluir, hay que decir que estamos ante un libro de poesía lleno de magia interna. La conjugación de las palabras va dejando una huella en el lector, llevándolo a reflexionar sobre los lineamientos de su vida. Pero el universo nunca se acabará; la Tierra puede que sí, como lo advierte el poeta, aunque siempre existirán posibilidades de vida. La nada no existe; bueno, sí existe en este libro, lleno de multiversos.
El aporte a la metaforalogía es que en estos versos se avizora un destino sin retorno, un vacío budista. Hay aquí una sabiduría de los años, una poesía madura, más reposada, pero no menos interesante. Es una especie de oráculo ancestral que viene de la tierra, la Ñuke Mapu, y que habla en todos los rincones de las vocales y consonantes que se mueven sobre la hoja.
Con un lenguaje coloquial y fenomenológico, el autor conforma un ambiente milenario, con historias que solo pueden afirmarse en el papel, fruto de experiencias y países recorridos, lo que configura a un ciudadano del planeta capaz de habitar diversos lugares y absorber sus culturas.
Estamos ante una poesía que entrega mucha información, necesaria para los lectores, y que nos lleva a reflexionar sobre si tomamos la píldora azul o la roja; si queremos entrar en la madriguera del conejo.
Bitácora de la Tinta
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El libro y la memoria
La historia de la humanidad puede leerse también como la historia de su memoria. A través de la materialidad física del papel y la tinta, grabamos el pensamiento...
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